El padre Leonardo, pionero en la atención a los migrantes; defiende el derecho a migrar
-Inició en la parroquia de San José en 1991.
Gastón Monge
Nuevo Laredo, Tamaulipas.-Aunque sus mejores tiempos de lucha y defensa de los migrantes ya pasaron, por la mente del sacerdote Leonardo López, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Paz’, renace un recuerdo que lo traslada hacia la década de 1990, cuando en la parroquia de San José daba asilo a decenas de migrantes que pretendían cruzar la frontera en busca del anhelado sueño americano, hoy convertido en pesadilla.
Ahí, en esa humilde parroquia enclavada entre las colonias Viveros y Victoria, un templo que en ese tiempo carecía de muchas cosas materiales y apoyos, abundaban la fe y el deseo de ayudar a los más necesitados.
Esta necesidad surgió por encomienda de la Diócesis y por iniciativa propia del sacerdote Leonardo, de apoyar a los migrantes que llegaban a esta frontera, expulsados por la pobreza o la falta de trabajo.
Joven de cuerpo y de corazón, el padre Leo, como se le conoce aún, fue enviado en 1991 a esta parroquia para oficiar misa, pero también para dar apoyo a los migrantes que comenzaban a llegar solos o en grupo a la ciudad.
“Por iniciativa de la Diócesis y por iniciativa propia comencé a trabajar en apoyo de los migrantes, y llegué a tener hasta 140 personas en un mismo lugar”, resume así esa extenuante labor de apoyo al migrante, una tarea que realizó hasta el 2006, dos años después de haber sido construida y fundada la actual Casa del Migrante ‘Nazaret’, ubicada al final de la calle Madero, muy cerca del bulevar Colosio, ya sin migrantes y sin funcionar.
La crisis
Después de dejar la parroquia de San José, la cantidad de migrantes se disparó a niveles nunca vistos, por lo que fueron trasladados a la Casa Nazaret, un refugio administrado por la Diócesis y apoyada por diversas fundaciones y organizaciones, en particular por la orden de los misioneros Scalabrinianos.
El 23 de febrero del 2004 este refugio abrió sus puertas para ofrecer posada, alimento y apoyo a los migrantes mexicanos y refugiados de otros países, hasta llegar a contabilizar más de 80 mil en casi 10 años, o 9 mil por año, pero a 22 años de distancia la Casa Nazaret ya no recibe migrantes, porque extrañamente ya no llegan a la ciudad.
Recuerda el padre Leo esa gran oleada de hasta mil 100 migrantes provenientes de Haití en el año 2022, lo que provocó una seria crisis humanitaria al haber sido rebasada la capacidad de las autoridades locales y estatales para brindarles apoyo.
Años antes, en el 2017 llegaron procedentes de Cuba unos 600 cubanos que se quedaron varados en esta frontera al haber suspendido Estados Unidos el programa migratorio ‘pies secos, pies mojados’, lo que provocó manifestaciones en los puentes internacionales.
Pero en el 2018 arribaron a la ciudad cerca de dos mil africanos que provocaron otra crisis migratoria por la falta de refugios y de atención.
“Ahí sí se desbordó la Casa del Migrante, y tuvieron que abrirse otros centros para la atención al migrante, porque todos estaban desbordados en nuestra ciudad. Y ahora tristemente ya no hay ninguna Casa del Migrante aquí en Nuevo Laredo, porque se siente que hay menos deportaciones por acá”, deduce.
Durante la entrevista realizada en el interior de la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, el padre Leo evoca sus recuerdos y considera que el fenómeno migratorio sufre una nueva fase, motivada por las nuevas políticas impuestas por el gobierno de Estados Unidos.
“Pienso que las deportaciones más que venirse por Nuevo Laredo, son enviadas para otra parte, y con el cambio de perspectiva hacia al migrante este problema se ha vuelto cada vez más complejo, porque en mi época no existían lo celulares y el Internet apenas iniciaba, por lo que la comunicación entre ellos estaba muy limitada”, explica.
En su experiencia relata que los ex presidentes de Estados Unidos, Barack Obama y Joe Biden deportaron más migrantes que en la actual administración de Donald Trump, y le extraña porque si la campaña anti migrantes es muy fuerte, sean tan pocos los deportados, “y esto es lo que me preocupa porque se percibe la inseguridad entre los migrantes por la amenaza de la deportación masiva”, señala.
Y es que dice el padre Leo que pese a todo eso, detrás de cada migrante hay una historia de graves situaciones sociales, económicas y políticas, causas que no se han resuelto y que siguen motivando las migraciones.
En los 15 años que estuvo al frente de la atención a los migrantes en la parroquia, dijo que lo de antes no se compara con la actual situación del migrante que se apoya en los medios de comunicación electrónicos, aunque lamenta que el gobierno utilice más el discurso que las acciones, “porque el trato que le damos a los migrantes que vienen de otros países, deja mucho que desear, porque nos quejamos de la política anti migratoria de Estados Unidos, y en México no cantamos tan mal las rancheras”, señala.
¿Qué se debe hacer?
Para este sacerdote es en extremo difícil que sea creado un ambiente que no obligue a las personas a migrar, “y que no migren por desesperación pero sí en condiciones de seguridad, y el ideal debería ser de que el migrante salga de sus lugares de origen con la convicción de que no será perseguido, de que al llegar su destino o país tendrá trabajo y sustento”, señala.
Consideró que el discurso oficial es bien conocido, pero que falta ‘aterrizarlo’, aunque reconoció que un país tiene el derecho a recibir y a rechazar migrantes, “pero este derecho que tienen los países de proteger sus fronteras ¿hasta dónde llega?”, cuestiona.
Dice que cada país tiene sus propias legislaciones en torno al fenómeno migratorio, pero mencionó que dichas legislaciones no deberían ser tan dolorosas en el aspecto legal, porque legalmente nunca nadie podrá ingresar por ejemplo, a Estados Unidos.
Así, compara el problema del fenómeno migrante con un pasaje de la Biblia, “y es algo parecido a lo que dice Jesús: Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz”.
El padre Leonard López fue el primer sacerdote que se hizo cargo de la atención de los migrantes en la ciudad; luego llegaron los padres Scalabrini, siendo el último el padre Marvin Ajic, quien el 7 de febrero del año pasado fue sustituido por el padre Rogelio Lozano Alcorta, pero hasta el momento la Casa del Migrante Nazaret permanece inhabilitada por razones que no han sido dadas a conocer.



